El cantaor utrerano, Rafael de Utrera, se erige como uno de los triunfadores en esta edición del añejo y prestigioso festival morisco

La Puebla de Cazalla es una localidad acogedora con una enorme importancia dentro del
flamenco. En La Puebla han nacido artistas que han hecho más grande el cante, lo que
supone que haya tenido y tenga un gran peso en todo lo que se refiere al mundo jondo.
Por citar algunos contemporáneos, tendríamos que hablar de la “Niña de la Puebla”, José
Menese, Miguel Vargas, Diego Clavel, Manuel Gerena; incluso Joselero, al que se le
conoce como Joselero de Morón, en realidad nació en La Puebla de Cazalla.

Pero no sólo ha dado La Puebla grandes cantaores, sino que ha aportado a la cultura
andaluza artistas geniales, como Francisco Moreno Galván. Sus letras flamencas y sus
obras pictóricas han tenido una influencia extraordinaria en el mundo del flamenco, que
sin duda no sería el mismo sin su majestuosa figura. Fue precisamente Moreno Galván
junto con Menese y otros amigos los que organizaron en el año 1967 la “I Reunión de
Cante Jondo” en la que participaron artistas de la talla de Antonio Mairena, Juan Talega,
Chocolate, Menese, Joselero, y los utreranos Fernanda, Bernarda y Perrate.

Y medio siglo después, otro cantaor utrerano ha vuelto al elenco de la Reunión para
debutar y salir por la puerta grande. El incomparable marco de la Hacienda La
Fuenlongilla, el aromático olor a tomillo y romero, la sobriedad del escenario semiluninado
por dos faroles de carruaje y una impresionante lámpara de candiles -símbolo del festival y
el respeto, el magnífico y sabio respeto del público de La Puebla. Sigue viva en este
espacio la presencia de su prócer, Moreno Galván, que dotó a este encuentro de una
estética entre popular y vanguardista que lo distingue del resto de los festivales flamencos
de verano.

Este ambiente flamenco idílico -sólo roto por inoportunas ráfagas de viento- fue propicio
para el cante sereno y acompasado de Rafael de Utrera, que sabe lo que hace y por qué
lo hace, y que ya de muestras de una madurez cantaora que reclama cotas más altas.
Ágil y salobre en las cantiñas a compás de amalgama que fueron y vinieron a Cádiz,
Jerez y los Puertos e hicieron parada y fonda en Córdoba y en la Utrera de Pinini.
Ecos alfareros, califales y gaditas de Paquirri y Charamusco en la soleá apolá que trae a
la memoria a su maestro y paisano Curro.

Sobria malagueña chaconiana rematada con abandolaos en los que sube a los montes de
la verdial con frenético ritmo y cadencia.

Y como epílogo a su catálogo cantaor, bulerías marca de la casa al son de Jerez y Morón
con el recurso al cuplé “Señorita” del recordado Enrique Montoya. Soniquete y melismas a
raudales.

Y Rafael de Utrera siempre busca las buenas compañías para su cante. La magistral y
primorosa sonanta jerezana de José Quevedo “Bolita”, el compás con pentagramas en las
palmas de las manos de Diego Montoya y Roberto Jaén, y la guitarra gallera y calera de
Domi de Morón; una orquesta de cámara flamenca perfectamente ensamblada con el
utrerano.

Y Rafael de Utrera encandiló al público morisco como lo hace la lámpara de Moreno
Galván. En la ronda de tonás se desgarró en la oscuridad y estremeció a todos bajo la luz
de la luna. Y hasta en el fin de fiesta se dió una pataíta sembrá. Y La Puebla se quedó
con más ganas de Rafael, con más ganas de Utrera, con ansias del cante de Rafael de
Utrera. Una próxima cita le espera en una tierra flamenca que hoy, más que nunca,
recordó los soníos negros de Menese…

XLIX Reunión de Cante Jondo. Sábado, 8 de julio, 2017. 23:00h.

La Puebla de Cazalla, Hacienda La Fuenlonguilla.

Cante: Raúl Montesinos, Rafael de Utrera, La Macanita, Carmen Linares. Guitarra solista:
Antonio Carrión. Guitarras: Antonio Cáceres, José Quevedo “Bolita”, Domi de Morón,
Manuel Valencia. Baile: El Junco y su grupo con Óscar Lagos (guitarra), Emilio Florido,
Jesús Flores (cante), Roberto Jaén (palmas).

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